Entre Tucumán y Tel Aviv, entre el ayer y el ahora.
Cada uno de estos párrafos es una ventana al libro. No son resúmenes: son momentos que quedaron grabados en el cuerpo antes de convertirse en palabras.
PRIMERA PARTE
01
Introducción
Uno no parte: uno siembra un trozo de sí en otro suelo.
Se aleja, pero a la vez se extiende. Como habitando más de un lugar al mismo tiempo.
La emigración no es una ruptura. Es un proceso de multiplicación del ser; una expansión del espíritu que aprende a respirar bajo dos cielos, a amar con el corazón dividido entre aquí y allá.
Introducción
«La identidad no es un territorio fijo, sino un río que fluye entre orillas distantes y se alimenta de nuevos afluentes.»
UN PUENTE ENTRE DOS MUNDOS · DIEGO GRINBLAT
02
Sangre y humo en Telenesh
El suelo, desde sus entrañas, había decidido responder al horror, con el milagro del nacimiento.
Y lo llamaron Samuel.
Porque hay hombres que mueren para que otros vivan, y nombres que se perpetúan para que su memoria nunca muera.
Mis abuelos paternos — Sangre y humo en Telenesh
03
El mantel de Cruce
Durante la despedida, Cruce besó a sus hermanos en la frente y, fingiendo una tranquilidad que no tenía, entregó un mantel bordado a cada uno de ellos:
—Este será mi regalo de bodas para ustedes, por si no puedo estar presente en ese día—.
Nadie podía imaginarlo entonces, pero la despedida era para siempre.
David conservó ese mantel toda su vida, el que usaba exclusivamente en las noches del Seder de Pésaj. Nadie decía nada, pero todos sabían que, en ese trozo de tela bordada, de color beige, desteñido por el tiempo, latía el recuerdo de su hermana.
El mantel de Cruce
04
La llegada al nuevo mundo
—¿Zeide, y qué hiciste cuando te enteraste?—
—Até unas sábanas y me escapé por la ventana. ¡Todavía me deben estar buscando en la Yeshiva de Lublin!— nos contestó riéndose.
Pero yo me preguntaba cuál habría sido su destino, si no hubiera logrado hacerlo.
Mis abuelos maternos — La llegada al nuevo mundo
SEGUNDA PARTE
05
Nadie me estaba esperando
Con el tiempo, asimilé una verdad incómoda pero liberadora: que, probablemente, el país podía arreglárselas sin nosotros, los olim.
En mi caso, no era Israel quien me necesitaba desesperadamente; era yo, quien lo necesitaba a él.
Pero, sobre todo, y esto me llevó mucho tiempo comprenderlo, lo hice por mí. Visceralmente por mí. Para completarme. Para llenar ese vacío que me perseguía desde la adolescencia, ese que ningún logro profesional o personal podía remediar.
Por esto vine — Nadie me estaba esperando
06
Por esto vine · Reencontrándonos
Al llegar al descanso de las escaleras, lo vimos. Estaba ahí: frente a nosotros apareció el Kotel HaMaaravi, el Muro de los Lamentos. Jamás había visto tanta gente reunida allí.
Mis hijos me miraron sonrientes. Los ojos del mayor brillaban. El menor cantaba.
Sentí que, por fin, algo dentro de mí encontraba su lugar.
Y entonces pensé: «Por esto vine».
Por esto vine — Reencontrándonos
«Israel hace eso. Se te mete adentro, se instala en algún lugar de tu interior que no sabías que existía y te transforma. Te hace quererlo con una intensidad que no elegiste, que no pediste, pero que ya no podés desarmar.»
UN PUENTE ENTRE DOS MUNDOS · DIEGO GRINBLAT
07
El siete de octubre
Apareció un mensaje de Pablo:
«Estoy en la fábrica de pinturas en Nir Oz. Vi por las cámaras de vigilancia a los terroristas que querían entrar y me metí dentro de una máquina trituradora de piedra. Pude cortar la luz antes. Los terroristas entraron, pero no me pudieron ver. Sigo aquí metido sin poderme mover».
Pablo esperando. Nosotros esperando. Todo Israel, conteniendo la respiración.
El siete de octubre — El día que todo cambió
08
Pequeñas grandes luces
Cada mañana, llego a la clínica y, como un ritual, saludo a mis colegas en sus distintos idiomas.
—Sabaj aljer—. —Sabaj anur—. —Boker Tov, Diego—.
Ese mosaico de saludos marca el inicio de nuestra jornada en equipo, en el servicio de atención pública. Constituimos un grupo de judíos y árabes y yo, que soy el coordinador.
En esos momentos pienso con cierta ironía: «Qué absurdo sería explicarle a alguien de afuera, que esos mismos amigos que me enseñan sus pasos de baile, según algunos, deberían ser "mis enemigos"».
Pequeñas grandes luces
«Pequeñas luces, sí. Pero cuando afuera todo se oscurece, son grandes y son las únicas que tenemos.»