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El Autor

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Diego Grinblat

Nací en Tucumán, Argentina. Soy nieto de inmigrantes que escaparon del hambre y las persecuciones en Europa.

Crecí entre historias familiares, tradiciones y una búsqueda persistente de pertenencia. Con los años, esa herencia y el camino de la migración fueron moldeando mi mirada, y la música, presente desde siempre, se volvió también una forma de narrar y de recordar.

Mi infancia y adolescencia transcurrieron en una Argentina convulsionada: la dictadura militar, el miedo que se respiraba en las calles, la guerrilla, la Guerra de Malvinas y, finalmente, el regreso de la democracia, una época que marcó a fuego a toda una generación y que inevitablemente forma parte de quien soy.

También formé parte de organizaciones juveniles judías, una etapa que marcó profundamente mi sentido de comunidad y responsabilidad.

Un día, como tantos antes que yo, hice las valijas y llegué a Israel. Aquí conocí a Marlene, mi compañera. Aquí nacieron nuestros hijos, criados en un país que es el suyo, en un idioma que manejan mejor que yo.

 

Ellos construyen su identidad con las raíces que les transmitimos, como yo lo hice con las que me transmitieron a mí; una cadena que se extiende a lo largo del tiempo, que cambia de forma en cada eslabón pero no se rompe.

 

Verlos crecer me hizo entender que la pertenencia no se hereda de manera automática; se recibe, se elabora y se transforma. Y que cada generación lo hace desde su propio punto de partida, con los materiales que le dejaron los que vinieron antes.

Este proyecto fue un sueño que llevé conmigo durante años, hasta que un día decidí ponerlo en marcha. Nació de la necesidad de entender mi propia historia: la de una familia que migró de Europa a Argentina, y luego de Argentina a Israel. Tres generaciones, distintas lenguas, distintas patrias. Y una pregunta que atraviesa todo: ¿de dónde somos cuando la respuesta ya no cabe en un solo lugar?

La música estuvo presente desde siempre. Con los años entendí que hay emociones que la música alcanza donde las palabras no llegan. Por eso este proyecto no es solo un libro: es también un álbum, una experiencia que busca contar la misma historia desde dos lenguajes distintos.

No me reduzco al dividirme, sino que me multiplico al abrazar ambos mundos.

Hoy, desde Israel, sigo escribiendo sobre el presente, porque un puente entre dos mundos no es solo el pasado. También es el lugar desde donde uno mira lo que viene.

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